Por Francisco Zúñiga Esquivel
Los últimos gobernantes han sido elegidos por el pueblo en base a su popularidad, promesas y ocurrencias, sin tomar en cuenta realmente sus capacidades.
Porque muchos de ellos, ya en la silla del poder, adolecen de los más básicos principios de sentido común, y sus decisiones afectan finanzas, sociedad y hasta el futuro de la comunidad.
Claro, ellos se van al terminar su mandato, y se olvidan del mundo, solazados en sus nostalgias triunfalistas. O en la búsqueda demás poder.
Estamos ya en época electoral, aunque los tiempos legales aún no lleguen. Los políticos siempre están en campaña, y vemos cómo desde hace meses algunos ya aparecen hasta en la sopa, gracias a las redes sociales, donde es mucho más fácil publicar cualquier tontería que los medios de comunicación no aceptarían.
Dicen que los pueblos tienen los gobernantes que merecen y lo que vivimos en México es prueba irrefutable de esa máxima.
En Nuevo León tenemos dos sexenios eligiendo personajes. Primero al vaquero invencible, que resultó ser de pacotilla.
Luego, al joven risueño, güerito, fiel representante de las castas de la antigüedad, donde creen que merecen ser gobernantes por designios divinos, y olvidan que la democracia que los eligió es relativa, pues la mayoría del electorado no votó ni por ellos ni por nadie. O sea, votaron por la anarquía.
Nuestro pueblo tiene poca cultura política, y vota por quien le de algo. Así sea una camiseta que, con todo y nombre de candidatos, usará para dominguear.
Las promesas no bastan. Las buenas intenciones tampoco. Veamos, entre quienes se apuntan, quienes saben tomar decisiones que afectan, para bien o para mal, a miles de personas.
Porque quienes elijamos, tendrán en sus manos el destino de todos nosotros e incluso el de nuestros hijos y nietos.
Porque no merecemos que esas decisiones sigan tomándose en el marco de la ignorancia y la soberbia.











Leave a Reply