Por Francisco Zúñiga Esquivel
Por un par de semanas todo México se unió alrededor de la Selección Nacional, con la esperanza de que la predicción de Los Simpson se convirtiera en realidad y nuestro país jugara la gran final del Mundial de Fútbol.
Poco probable, hay que reconocerlo, pero cuando vimos plantarse al equipo en la cancha, el apoyo de la afición, el entusiasmo de todo un país, terminamos por creer que sí era posible.
Y lo es. El único problema es que fallamos goles y en un momento de sorpresa, nos meten dos.
Fue lo que pasó y lo que ha sucedido siempre en la historia. En un momento así, Antonio López de Santa Ana fue capturado mientras dormía la siesta y tuvo que firmar un tratado donde perdimos la mitad del territorio nacional, que hoy pertenece a Estados Unidos.
Eso sólo por poner un ejemplo.
Pero en realidad lo que más nos ha hecho daño como país es la desunión, las diferencias internas. Los aztecas eran excelentes guerreros, pero diezmados por la viruela y otras enfermedades que trajeron los españoles -toda un arma biológica, sin saberlo- fueron relativamente vencidos con facilidad por los tlaxcaltecas, que fueron los que realmente pelearon en lugar de las huestes de Hernán Cortés, que eran pocos soldados.
Luego, la desunión hizo que un grupo de mexicanos fueran a pedir un monarca extranjero, y otra vez la guerra por recuperar soberanía.
La Revolución Mexicana debió terminan con la partida de Porfirio Díaz en el Ypiranga el 31 de mayo de 1911, apenas siete meses después del levantamiento de Madero. La división la alargó hasta 1917, y algunos años más de levantamientos.
Por eso dio gusto ver que todos unimos ilusiones en torno a nuestra Selección Nacional.
Quizá el fútbol no es la solución, pero podríamos aprovechar la fiesta para resarcir enconos, unificar criterios, saldar conflictos y coordinarnos para trabajar juntos en la creación de un país exitoso, fuerte y boyante incluso a pesar de sus gobernantes.
No garantiza ser campeón mundial, porque ya vimos a Estados Unidos con todo su poder bélico y económico, no pudo pasar de la misma línea que México.
Pero tendríamos mucho más opciones para sustentar nuestras esperanzas que en un mero partido de Fútbol.











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