Las horas de la decepción

Por Francisco Zúñiga Esquivel

La idea de escalonar los horarios de entrada en las empresas no es nueva, porque si la memoria no nos falla, la propusieron los mismos empresarios hace un buen número de años, cuando las condiciones eran muy diferentes.

Para empezar, no había dos millones de empleos formales, más otro millón de personas que trabajan en el sector informal.

Tampoco había un metro estorbando la vialidad por todos lados, como ahora lo tenemos.

Para empezar.

Sin embargo, la idea no está del todo mal, si la aplican bien.

Escalonar los horarios apenas media hora de nada servirá, porque los trayectos de los trabajadores, entre sus casas y el centro de empleo, duran dos horas, más si viajan hasta la zona industrial allende al Libramiento Noroeste.

Quizá una logística adecuada funcione.

Pero definitivamente, si no se aumenta el número de unidades, o se reestructuran las rutas, de nada servirá. El sistema actual tiene su esqueleto principal en el Metro, y las diversas líneas de transporte urbano funcionan como alimentadoras de éste.

Al no existir realmente un Metro con capacidad para mover a todos Monterrey, es difícil que el sistema funcione como relojito suizo de los de antes. Eso sólo en la imaginación de nuestro Señor Gobernador, quien ya decretó que los horarios escalonados son la solución y no se necesita nada más.

Al contrario, se necesita mucho más que obligar a operarios y directivos a entrar a las seis de la mañana.

Olvida Samuel García que si bien los obreros pueden empezar a cualquier hora, pues en muchas empresas no se suspende nunca el flujo de operaciones, la gente de corbata y cuello blanco es distinta. Tiene que regirse bajo horarios convencionales.

Imagínense a todo el personal de una oficina esperando que el resto de las empresas con las cuales intercambia negociaciones empiecen a trabajar. Es decir, de 6 a 9, tomando café y esperando.

Las que exportan, que son muchas, tienen que ajustarse incluso a horarios internacionales. No en la producción, sino en tramites y negociaciones.

Pero démosle el beneficio de la duda al Gobernador. Total, un nuevo fallo en sus ideas, ya no llega a decepción.

 

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