Mujeres en El Vaticano 2: Profesionalización les abre espacios

Uno de los motores de esta evolución donde la mujer ha ido ganando espacios importantes e influyentes dentro de la jerarquía de la Ilesia Católica ha sido la profesionalización académica de las mujeres dentro del ámbito eclesiástico.

La ordenación sacerdotal no entra en los cambios que vive la Iglesia Católica.

Mientras que en décadas anteriores el acceso de las religiosas y laicas a posgrados teológicos, jurídicos y financieros era limitado, hoy encontramos teólogas, economistas y comunicadoras encabezando comisiones pontificias y asesorando directamente al Consejo de Cardenales.

Como el propio papa Francisco reiteró en diversas oportunidades, “la Iglesia es mujer”. Sin embargo, la brecha entre esa maternidad espiritual y el ejercicio real de la responsabilidad institucional comenzaba a volverse insostenible ante las exigencias del mundo contemporáneo.

El reto del futuro

avances en la esfera ejecutiva, judicial, informativa y financiera abren una brecha sin retorno.

Para los fieles de entre 30 y 60 años —generaciones que han atestiguado la incorporación plena de la mujer en la vida pública, corporativa y científica—, estos cambios en la Iglesia no solo representan un acto de justicia histórica, sino un soplo de aire fresco y renovación. La inclusión de la mirada femenina en la toma de decisiones promete una institución más empática, diversa y preparada para responder a los vertiginosos desafíos del mundo globalizado.

En la Biblia leemos que Jesús dignificó el papel de la mujer, pero eso no les abrió espacios significativos.

A pesar de estos avances sustanciales en el ámbito administrativo, ejecutivo y de consulta, la doctrina de la Iglesia mantiene la reserva del sacerdocio y el episcopado exclusivamente para varones, por lo que las funciones asociadas al orden sagrado (como la administración de sacramentos y la titularidad de diócesis) permanecen sin cambios.

Más allá de las designaciones de Alvarado y de Krapić, junto con el aumento de mujeres que trabajan en el Vaticano —del 19% al 24% en los últimos 13 años, según los datos oficiales más recientes—, León XIV ya anunció que no modificará la postura de la Iglesia sobre el delicado tema de la ordenación de mujeres.

“Es cierto que las mujeres hacen una contribución significativa a la vida de la Iglesia, pero esto no justifica que deban ser ordenadas como sacerdotes”, declaró hace unos meses.

El Papa ha fundamentado su postura no solo en razones teológicas y dogmáticas, sino también en consideraciones prácticas. “La realidad es que, culturalmente, no todos los países están en el mismo lugar que Europa o EE.UU. Y no podemos asumir que, al nombrar a una mujer aquí o allá para esto o aquello, será respetada, porque existen fuertes diferencias culturales que generan problemas”, señaló.

Sin embargo, muchas teólogos piensan que la puerta está abierta y el camino apenas comienza, y aunque la doctrina católica mantiene intacta la reserva de la ordenación sacerdotal para los varones, los avances en la esfera ejecutiva, judicial, informativa y financiera abren una brecha sin retorno.

 

Concluye Artículo.

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