David se convirtió en Goliath

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Me pregunto a quién le vamos a anotar las más de 150 personas que murieron en una escuela de niñas en Irán, la mayoría menores de edad, a consecuencia de los bombardeos “por seguridad” que emprendieron Israel y Estados Unidos.

A Hitler le atribuyeron 6 millones de judíos asesinados, cifra que aún no alcanzan los israelitas en los 78 años que tienen constituidos como Estado independiente, tiempo en el cual han estado en constante guerra contra sus vecinos, pueblos árabes en su mayoría, a quienes consideran como peligrosos para su seguridad nacional.

El tema allá es complicado, porque los israelitas afirman que esas tierras se las dio Dios, y, por tanto, tienen derecho a arrebatárselas. La historia se repite. Si leemos la Biblia, encontraríamos que tras los 40 años que pasaron en el desierto luego de salir de Egipto, el pueblo judío se armó y con Yahvé como principal aliado, arrasó con todos los pueblos palestinos, exterminando a toda la población. Sí, niños y mujeres incluidos. Por eso no asombra, que ahora, 150 niñas no merezcan ni siquiera un “usted perdone, no era mi intención”.

Si tanto creen en ser herederos divinos, deberían pedirle a Dios que les mande mensaje a los árabes, en su personalidad de Alá, para que mejor se vayan a otro lado.

A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César, dijo Jesús, separando lo divino de lo terrenal.

Esta guerra de dos colosos contra un alfeñique parece tener motivos mucho más terrenales que divinos. David ha crecido y se convirtió en un Goliath sin compasión. Con Supermán como aliado, se siente dueño de ese pedazo del mundo, y lo está arrebatando.

Como parece que pretende hacerlo su amigo, el Tío Sam, en otras zonas del orbe, donde seguramente también habrá muchas muertes de inocentes, para dar seguridad a los poderosos, de que su pueblo los acepte, los vote y los convierta en héroes.

 

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