Igor Ishi Rubio Cisneros
El agua subterránea en México no está mejorando su calidad, sólo se transforma, de acuerdo con un estudio del Journal of Contaminant Hydrology, dirigido por Manish Kumar del Tecnológico de Monterrey, que analiza una década de datos públicos de la Conagua.
Nacionalmente, la química del agua en pozos ha cambiado y se distribuye geográficamente según el tipo de contaminantes y su origen. Aunque la disolución de formaciones geológicas y su erosión son procesos naturales, ya no son exclusivos.
Las alteraciones inducidas por el ser humano al acuífero del subsuelo cambian la composición química del agua subterránea.
Localmente, la salinidad del agua ha disminuido, pero regionalmente la contaminación se vuelve difusa con elementos químicos procedentes del uso excesivo de fertilizantes, retornos de regadío y la recarga del acuífero subterráneo con agua residual.
Esta contaminación es menos evidente, más persistente, difícil de remediar y amenaza la seguridad hídrica.
Actualmente, la evaluación del agua como apta para riego puede estar equivocada, debido a contaminantes que no se detectan con los parámetros vigentes de calidad del agua.
México enfrenta una contaminación extensa, a veces imperceptible, que exige nuevas estrategias de monitoreo, gestión y prevención.











