Por Francisco Zúñiga Esquivel/ OPINION
La muerte de Nemesio Oceguera Cervantes, alias El Mencho, nos demostró por lo menos tres cosas: Que nadie es invulnerable y que si hay voluntad de las autoridades se puede encontrar a cualquier presunto delincuente.
Y nos mostró el poder de fuego y la enorme logística que puede tener un cartel como el Jalisco Nueva Generación.
Tras la confirmación de la muerte de El Mencho, presuntamente cuando era trasladado, herido, en un helicóptero hacia la Ciudad de México, se desató una ola de violencia generalizada en 20 entidades del país, con casi 260 incidentes, muchos de ellos mayores.
¿Quién le va a pagar a los gasolineros las estaciones que incendiaron? ¿Alguien se hará responsable de las pérdidas que asumen los particulares a quienes les quemaron sus coches?
¿Qué pasará con las familias de los elementos de la Autoridad que cayeron en acción este domingo?
Hay muchas preguntas más, pero la principal sería: ¿Por qué dejan crecer tanto a las organizaciones crminales?
Si se hubiera dedicado a algo lícito, El Mencho sería un emprendedor convertido en empresario exitoso. En apenas diez años levantó el imperio que hoy tiene conexiones en casi todo el País y en buena parte del Mundo.
Cómo es que nadie se dio cuenta, con tanto asesinato, extorsión, secuestro, crímenes, que sostuvieron ese crecimiento. Y eso que pasa en Jalisco, también sucede en Michoacán, en Guanajuato, en Tamaulipas. En todas partes, para acabar pronto.
Parece que los delincuentes están mucho mejor organizados que las autoridades de todos los niveles, y se han adueñado de gran parte del País.
No podemos permitir que vengan extranjeros a dar solución. Pero tampoco podemos aguantar que el crimen organizado siga dominando la economía de la Nación.
Lo tercero que demuestra la muerte de El Mencho, es que existe una guerra, que, nos guste o no, el Crimen Organizado parece ir ganando.












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