Policías sin seguridad. Por favor

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Qué ironías tiene la vida.

Ahora resulta que los policías exigen más seguridad para ellos, cuando se supone que son ellos los que debían encargarse de ese asunto para todos.

Pero tiene su razón de ser esta petición. viene de parte de policías de Ciudad de México agredidos durante una marcha reciente y quienes señalan que en cada evento de este tipo, la gente los ataca sin motivo alguno, sólo por ser portadores de un uniforme.

Es como un reto, o quizá una venganza, contra la autoridad, donde ellos terminan siendo víctimas en un ciclo sinfín que parecer repetirse siempre sin llegar a los reales destinatarios.

Pese a que vivimos la era de la inseguridad, los policías no son objeto de culto en nuestro país. Generalmente son mal pagados, su trabajo es peligroso y no tienen el apoyo que requieren para ser detentores de la justicia inmediata que exige la ciudadanía.

Lo vemos en las manifestaciones, donde están en medio del riesgo, siempre al alcance de un enojo anónimo de aquellos que no buscan quién se las hizo, sino quien la pague. O peor, de aquellos que buscan vengar en ellos entuertos ajenos, muchas veces, clichés sin sentido.

La orden es no responder ninguna agresión, y si a alguno de los manifestantes se le ocurre pintarles la cara y ponerle trenzas, el servidor público tiene que aguantar. No hay dentido del decoro entre sus jefes.

La Poliçia está para cuidar a la gente pero también para salvaguardar el orden. Como autoridad, tiene obligación de actuar conforme a leyes y reglamentos, pero también tiene el derecho de utilizar una fuerza moderada ante quienes rompen la ley.

Pero ahora, sin permiso para hacerlo, los mismos policías piden que les den seguridad.

¿A dónde iremos a llegar? O mejor dicho, ¿a dónde nos llevan con esas políticas de abrazos y apapachos a quienes infringen la ley?