Después de leer el Evangelio, se hizo pequeño, siguió a Jesús y lo sirvió en los marginados.
Quiso construir un mundo nuevo, donde no hubiera señores y esclavos, todos libres, justos y hermanos.
Muchos se unieron a este sueño, llamándose hermanos menores, querían ser los últimos, donde todos peleaban por ser los primeros.
Compartían el gozo del pueblo, el canto de las aves, la sonrisa de los niños y la sencillez de los pobres. Anunciaban la alegría, el perdón, y se abrazaban con la paz. Su mensaje cuestionaba los desórdenes sociales, y el amor a la riqueza.
Con el tiempo sus frailes sintieron éxito, soltándose de lo esencial. Y Francisco fue a la montaña, donde la enfermedad borró la luz de sus ojos, y donde descubrió el infinito, sintió el milagro de vivir, y se hizo uno solo con todos los vivientes.
Se despojó de todo, de si mismo, de sus deseos, y angustias, y experimento la libertad de espíritu.
Lloró proclamando el Cántico de las creaturas, se unió a la alabanza que brota del corazón del universo y de toda creatura, se sintió pequeño, pero feliz.
Se percibió hermano del sol, la luna, las estrellas, el viento, el agua, el fuego y la tierra.
Su mirada contempló la plenitud y la grandeza divina, vio a JESÚS resucitado, y se estremeció por la alabanza eterna de la creación entera.
¿Qué tarea nos ha dejado San Francisco?
Rechazar la dominación, favorecer la convivencia fraterna con todo lo creado, y cuidar con esmero el universo.
Mirar con dolor el sufrimiento de muchas especies vivientes, escuchar el clamor de la tierra y el grito doloroso de los enfermos.
Señalar la riqueza conseguida por la violencia de las armas y el capital financiero.
Pisar con respeto la tierra, cuidar las piedras que hay en el camino, proteger la vida de los animales, y venerar a las personas más sencillas.
Impulsar una Iglesia pobre y amiga de los humildes, sin jerarquías dominantes, y sin laicos sirvientes.
Somos un hermano más, que estamos unidos a todas las creaturas que viven y cantan.
“No hay vida, no hay ecología humana y planetaria, si antes no hay perdón”. Como tampoco hay vida eterna, si antes no se experimenta la muerte como parte de la vida, sabiendo que la vida que se da, nunca muere.
Soy el Padre Guerrero y esta es mi humilde opinión











