De pobreza y espejismos

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Si tomamos el universo de los niños de 13 años y menores, encontraremos que todos sufren pobreza extrema.

No tienen ingresos, ni casa propia, pues viven con sus papás. Por si mismos no tienen acceso a nada. Si los dejáramos en la calle, como a Oliver Twist, serían pobres extremos.

No lo son porque sus progenitores se encargan de ellos, solventan todas sus necesidades básicas y hasta les dan el lujo de comprarles golosinas, algún videojuego y mantener el acceso a internet.

Algo así se me figura cuando desde la Presidencia de la República nos dicen que se redujo la pobreza como no se había logrado en los últimos 40 años, en clara referencia a los últimos gobiernos priístas y los panistas, incluido Carlos Salinas de Gortari, que gobernó México de 1988 a 1994, e implementó ese Tratado de Libre Comercio que tantos dolores de cabeza le ha causado al actual gobierno, gracias a las bravatas de don Donald Trump.

El caso es que si 13 millones de mexicanos abandonaron la pobreza extrema significa, por un lado, que sólo cambiaron de categoría, pero no dejaron de ser pobres. Es decir, que nunca irán a Japón a hospedarse en el Hotel Okura, como Andy López, el hijo de AMLO. Tampoco podrán comprarse – ya no pido una Moraleja- la más simple recomendación de una casita en alguna barriada pobre de Madrid.

Los números son fríos y exactos si los manejan los matemáticos. Son engañosos si los manejan los políticos.

López Obrador aumentó el Salario Mínimo en un 135 pore ciento, muy por encima de la inflación, y con eso aumentó ingresos de muchos mexicanos. Pero la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) reconoce que la mitad de la reducción de la pobreza en el sexenio pasado se debe “exclusivamente a la política salarial”.

Y apunta en un comunicado que “por cada 10% de incremento en el salario mínimo real, el ingreso por trabajo se incrementó en 2.67 puntos porcentuales. Esto implica que, en ausencia de incrementos del salario mínimo por arriba de la inflación, la pobreza multidimensional se habría ubicado en 2024 en 40.6% y la pobreza extrema en 8.5 por ciento”, señaló en un comunicado.

Para nada el 5.3 por ciento que nos presume nuestra Presidenta.

Somos menos pobres extremos, porque el Gobierno de López Obrador repartió dinero que no era suyo, a través de incrementos Salariales forzados, y pensiones a adultos mayores, niños escolares, ejemplo que han seguido gobiernos estatales y municipales. No está mal ayudar a los pobres, pero la realidad es que los apoyos han sido parejos, tengan o no recursos.

Esto significaría que todos somos pobres, lo que aumenta el universo a un 80 por ciento de todos los mexicanos que reciben pensión, libros y libretas gratuitas, hacen uso del transporte gratuito que dan municipios o universidades. Y todos lo necesitan, porque sus ingresos no son tan altos.

En síntesis, somos como niños de corta edad, que recibimos todo de Papa Gobierno, y eso nos saca de la lista de pobres extremos.

Pero lo ideal es crear riqueza, no eliminar pobreza por decreto. Y no vemos que los índices de desarrollo económico estén en ese camino.