Por Francisco Zúñiga Esquivel
Cuando Homero habló del canto de las sirenas que atraía a los marineros hacia la muerte, seguramente hacía una analogía de los futuros políticos, y cómo seducirían a las masas para ir tras ellos, e incluso seguirlos en sus diabólicas locuras.
La historia nos presenta muchos casos, como el de Hitler. Hemos conocido miles de testimonios de sobrevivientes, fotografías, investigaciones que muestran y confirman el Holocausto, pero pocos se preguntan cómo es que un hombre que al paso de los años lo vemos insignificante, acomplejado incluso, pudo persuadir a toda una nación de alzar el brazo homicida contra una raza, por el simple argumento de que eran inferiores.
Seguramente fue mucho más cruel el holocausto de la esclavitud en los Estados Unidos, pero ahí había intereses muy terrenales, como la creación de la riqueza y el sostenimiento de un modelo económico, lo cual no justifica, pero nos ayuda a entender las causas de esa injusticia racial.
En el caso de los judíos, los alemanes no obtuvieron ninguna ventaja ni beneficio con el sacrificio de esos seis millones de personas. Cómo tampoco existe con las matanzas en Gaza y Palestina, donde el móvil, al parecer, es simplemente una venganza histórica y un mandamiento mal entendido donde los judíos aseguran que Dios les dio esas tierras.
Lo mismo que dicen los poderosos. Dios, cuánta injusticia y maldad se cometen en tu nombre.
Hay que aprender de la historia para no repetirla. Aprender a cubrirnos los oídos con cera para no escuchar ese canto de las sirenas que viene, ya muy cerca, con las campañas.
Razonar, porque ni la juventud es necesariamente algo nuevo, ni la vejez es sabiduría.
No queremos discursos, porque eso no nos ha bastado por décadas. Necesitamos soluciones reales, tangibles y factibles a los problemas que nuestro estado y municipios sufren ahora.
Lástima que quienes aspiran a cargos públicos son casi los mismos de siempre, lo cual lleva la ventaja de que podremos ver sus resultados en cargos públicos anteriores. Hay algunos nuevos, pero más parecen advenedizos, tan ansiosos de notoriedad, que no dudarán en hacer un circo del proceso político.
Es decir, que tenemos pocas posibilidades de un cambio positivo. Si acaso, el de la reversa.











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