En México las leyes y normativas son mera sugerencia, pues quienes tienen la facilidad, lo mismo dan vuelta en U en lugar prohibido, dan muerte a otra persona, se quedan con una casa que no tiene dueño, o se apoderan de una calle.
Como que traemos un trauma histórico desde tiempos de la Colonia, en el cual nos oponemos a toda reglamentación, y exhibimos nuestra desverguenza y desfachatez de todas las maneras posibles. Entre este desafío a toda autoridad y la falta de vigilancia por falta de ésta, nuestro país es un caos.
Porque aparte todo se arregla con la simplificación administrativa que nos facilitan nuestros representantes del orden, ya sea para circular sin placas o construir un edificio sin permiso. Eso sí, según la pedrada es el sapo que se debe enfrentar.
Por eso hay tanta impunidad en México. Es tanto la desobediencia que tendrían que sancionar a todo el país y meter en prisión, aunque sea administrativa, a la mitad de los mexicanos. Sin distinción de género ni posición social.
En cualquier colonia, los vecinos se apoderan de las calles y banquetas, para que nadie les quite espacio para sus autos. A veces ni siquiera tienen vehículo, pero lo mismo colocan botes y riñen con quienes los quitan.
Hay infinidad de puestos de comida callejero asentados en banquetas o en calles, junto a parquímetros que nunca pagan, y a diferencia del ciudadano común que enseguida es multado, ellos disponen del espacio público sin costo monetario ni legal.
Hay tantos ejemplos que faltaría espacio en una enciclopedia para ennumerarlos. Y hablamos de gente sin poder, sin influencias. Quienes las tienen, hasta cambian las leyes y reglamentos para cumplir sus caprichos.
Los últimos tiempos hemos visto como las reformas justifican la ideología o desvaríos de los gobernantes, que los disfrazan con una aura de beneficiencia, que en realidad es mero populismo.
Cada vez es peor y quizá sea tiempo de modificar los juramentos de los gobernantes, para eliminar esa parte donde prometen cumplir y hacer cumplir la ley.
Total, ni es cierto.
Editorial: La Ley nunca se cumple











