Por Francisco Zúñiga Esquivel
Tengo un montón de amigos, que he ido conociendo a lo largo de la vida.
Unos llegan, se van, otros permanecen, pero todos quedan en un buen recuerdo para revivir, como si no pasara el tiempo, en el momento en que el destino o la suerte haga cruzar los caminos.
Algunos, muchos de esos amigos, son los libros que he leído. Ellos y sus autores.
He conocido a pocos escritores. Si la memoria no divaga mucho, recuerdo haber platicado con Vicente Leñero, con Gabriel García Márquez, Elmer Mendoza, Laura Esquivel, Elena Pomiatowska, si hablamos de los laureados, y muchos otros que, como yo, nos atrevemos a contar historias o sentimientos para que otros los lean.
Hoy es día del libro, porque un 23 de abril de 1616 murieron Miguel de Cervantes, William Shakeaspeare, e Inca Garcilaso de la Vega. Todos el mismo día.
El primero es el más reconocido en lengua española. El segundo, en el idioma inglés, y el tercero es el primer mestizo biológico y espiritual de América, pues en su obra concilió la cultura española de su padre y la inca de su madre.
Pero un libro no tiene que ser perfecto para ser mi amigo. Basta que me atraiga, me atrape con sus letras y me queden ganas de seguir leyéndolo cuando llegó a la última página.
En los últimos seis meses, con más tiempo libre, he leído como en mis años de adolescencia. Hasta tres libros a la semana. Es decir, que sigo haciendo amigos nuevos.
Porque para mí, todos los días son el día del libro.










