El caso de la Sierra Picachos no es un evento aislado, sino parece ser el síntoma de un sistema que prioriza la rentabilidad sobre la viabilidad ecológica a largo plazo, y esto se ha visto con el crecimiento habitacional en las faldas de la emblemática montaña, ícono de Monterrey.

En las faldas del cerro siguen construyendo zonas habitacionales.
La imagen de El Cerro de La Silla, dominando todo el escenario, fue lo primero que vio Diego de Montemayor al llegar al Valle donde ahora vivimos, y seguramente esa vista fue determinando para decidir fundar la ciudad de Monterrey en ese lugar.
Sin embargo, además de la belleza, esta montaña tan emblemática tiene una riqueza que todos quieren, y desde la década de los años sesenta del siglo pasado, y hasta la fecha, ha sido codiciado por fraccionadores, empresarios y políticos, aunque se han visto relativamente frenados por la oposición de vecinos y grupos de ecologistas que están dispuestos a todo por la defensa del monumento natural protegido e ícono de Monterrey.
Paulina Hernández, integrante del colectivo “Salvemos el Cerro de la Silla”, confirma que uno de los principales problemas que tienen es el avance de los desarrollos inmobiliarios de lujo que prácticamente ya acabaron con toda la parte baja de la montaña.
Las primeras colonias se fundaron en los años setentas, muy por debajo de la cota permitida, alejado de las faldas del cerro. Los primeros vecinos cuentan que estaba plano, construyeron por su cuenta, y tuvieron que lidiar con víboras de cascabel y otros bichos. Pero con los años, el crecimiento urbano se extendió hasta las faldas del cerro y llegó al lado de Guadalupe.
Los periódicos informan que, durante el gobierno municipal de Felipe de Jesús Cantú, 2000-2003, se modificó el Plan de Desarrollo Urbano para permitir la construcción, pero hasta el 2011 la administración de Fernando Larrazabal modificó el uso de suelo, para permitirlo, aunque las licencias de construcción se autorizaron en marzo de 2014, cuando Margarita Arellanes era alcaldesa.

En la Sierra, junto a la Cueva de los Murciélagos, han devastado una gran zona por las pedreras.
Poco importó que desde 1991 el Cerro de la Silla es un Monumento Natural, lo que teóricamente debería proteger sus 6,039 hectáreas. Sin embargo, Paulina Hernández ha señalado constantemente que esta protección es “solo de papel” si no hay una vigilancia activa, debido a la presión de las inmobiliarias de lujo en los municipios de Guadalupe y Monterrey, y la falta de guardabosques y personal de la CONANP (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) para evitar incendios provocados o talas furtivas.
Además de la depredación inmobiliaria el Cerro de la Silla, la sierra ha sufrido históricamente por la industria extractiva. Hernández ha denunciado que los permisos de construcción suelen ser el primer paso para una degradación irreversible de la flora (encinos y matorral submontano) y la fauna (oso negro, coatíes y diversas aves) que aún habitan el área.
Una de las empresas que mayor daño ha causado, dicen los ambientalistas, es Triturados Villarreal S.A. de C.V., que opera en lo que es la Sierra del Cerro de La Silla, entre la Cueva de los Murciélagos y la cortina de la presa La Boca.
Sus actividades de extracción de piedra iniciaron en el año 2009, gracias a que el Ayuntamiento de Santiago otorgó un cambio de uso de suelo en la zona, que pasó de giro campestre a industrial, lo cual le permitió operar como pedrera, pese a que un decreto estatal emitido en el 2000 lo impedía.
En el 2016, el Gobierno Estatal, encabezado por Jaime Rodríguez Calderón, anunció la suspensión de todas las pedreras, y el 13 de octubre de 2013, personal del Gobierno clausuró las actividades de la empresa, en un operativo que incluso se transmitió en vivo por redes sociales.
Volvió a abrir, gracias a amparos.

Vista aérea de la zona devastada.
El 19 de abril de 2021, el ahora gobernador Samuel García Sepulveda anunció que Triturados Villarreal sería retirada por afectar el hábitat de los murciélagos, y prometió impulsar el decreto que emitió Enrique Peña Nieto cuando era presidente, donde nombra la zona como área natural protegida, que en ese tiempo aún estaba en proceso de publicación en el Diario Oficial de la Federación.
El decreto establece que en los alrededores del santuario Cueva de la Boca, conocida popularmente como “Cueva de los Murciélagos”, queda prohibido construir confinamientos de residuos sólidos, así como de materiales y sustancias peligrosas; realizar obras o actividades de exploración o explotación mineras, y extracción de material pétreo.
Fue hasta marzo del 2022 cuando finalmente la Secretaría Estatal del Medio Ambiente la clausuró, con lo que inició un pleito legal de tres años, hasta que el 5 de mayo de 2025, Triturados Villarreal fue reabierta gracias a un amparo que le concedieron.
Habrá que ver si se repite la historia con las siete pedreras que, en octubre de 2025, aseguró Samuel García Sepúlveda, se clausuraron en los municipios de Santa Catarina, Santiago, Escobedo y García, por sobrepasar sus límites de explotación y consumir reservas naturales.
Entre las sancionadas, dijo por medio de un video en sus redes sociales, estarían: Pedrera San Ángel en el Área Natural Protegida del Cerro de las Mitras, en Santa Catarina; Triturados Villarreal, en la Cueva de los Murciélagos, en Santiago; Calizas y Triturados Industriales, ubicada en el Cerro del Fraile y San Miguel, en Escobedo.
Dos pedreras de Triturados Industriales San Jerónimo; Icasa, en el Cerro de las Mitras, en Santa Catarina y Cemex que está en el Cerro del Fraile y San Miguel, en el ayuntamiento de García.
Sin embargo, al igual que con Triturados Villarreal, habrá que esperar a conocer la resolución judicial, que, en la mayoría de los casos, ha sido a favor de las empresas.
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