Por Francisco Zúñiga Esquivel
¿Motocicleta o mecedora?
Ni lo pensaron, todos optaron por la motocicleta, porque desde la mecedora el mundo se ve desde abajo, tan grande que se antoja imposible conquistarlo.
Desde la moto también, pero el movimiento nos ayuda a saber que sí se puede.
Les hice la pregunta en una charla que tuve con gente mayor, es decir, mayor que yo. Cada viernes se reúnen en la Parroquia de Guadalupe, en San Pedro, para platicar, desayunar y convivir un rato.
Me invitaron y fui.
Cómo Dios siempre acomoda las cosas, unos días antes mi amigo Salomé me envió un video muy bonito, donde entendemos que la vida es Hoy, porque luego se hace demasiado tarde.
Alguien me recordó en una plática a la nadadora que a los 64 años por fin, luego de varios intentos, logró cruzar a nado entre Cuba y Miami, todo un ejemplo de perseverancia.
Otra plática de que el pasado no existe, me ayudó a completar el tema. Y les gustó, porque el mensaje es que nunca seremos viejos mientras no queramos serlo. El espíritu es joven y siempre tiene gana de hacer una travesura.
Lo malo es que olvidamos reír, porque somos adultos, y por tanto, gente seria. Tendemos a corregir a los demás, cuando deberíamos acompañarlos en sus dudas.
No tenemos obligación de cuidar a los otros si eso altera nuestras vida. La primera obligación es querernos a nosotros mismos, porque sólo mi Yo es el que estará conmigo hasta el último momento.
A muchos de los asistentes lo conocí jóvenes. En aquel tiempo el Casco de San Pedro era pequeño y todos nos conocíamos, aunque fuera de vista.
Hoy son mayores, e inevitablemente el tiempo nos jaló a todos.
Así que luego de ofrecerles mi particular forma de ver la edad, acepté con gusto mi pago, bastante valioso: una taza con la figura de El Principito, que es de mis personajes favoritos.
Luego tomé los consejos, dispuesto a aplicarlos para mí mismo. A vivir hoy, no mañana.











