También exige que las instituciones que se beneficiaron del comercio de esclavos rindan cuentas y paguen indemnizaciones. Entre ellas se encuentra la Iglesia anglicana.
En el siglo XVIII, el ala misionera de está iglesia administraba plantaciones y poseía cientos de esclavos, lo que ayudó a financiar su labor en toda América y más allá.
Muchos clérigos de la Iglesia anglicana poseían esclavos de forma independiente y un informe reciente del fondo de dotación de la Iglesia reveló que la institución realizó grandes inversiones en el comercio de esclavos, del cual obtuvo enormes sumas de dinero.

En una visita reciente, la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, oró en la puerta del Castillo de Cabo Corso, una antigua prisión para esclavos en la costa de Ghana
En julio, la líder de la Iglesia, la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, visitó Ghana en una de sus primeras giras internacionales en el ejercicio de su cargo.
Ella viajó al Castillo de Cabo Corso, una de las muchas fortalezas costeras que habían estado bajo dominio británico y donde retenían a personas esclavizadas antes de que tuvieran que soportar el brutal viaje a América.
Mientras recorría las mazmorras donde retenían a los esclavos y atravesaba “la puerta del no retorno” por la que los obligaban a pasar antes de ser embarcados, Mullally se mostró visiblemente emocionada y se detuvo a rezar.
“Sentí la magnitud de la maldad que representó el comercio transatlántico de esclavos. Es imposible no conmoverse profundamente ante las horribles condiciones en las que vivían esas personas”, dijo la arzobispa.
También rezó en una capilla del siglo XVII que estaba situada justo encima de las mazmorras.
“Para mí, eso ilustra de forma contundente la implicación de la Iglesia en la trata de esclavos”, afirmó. “¿Cómo pudo la Iglesia permanecer impasible ante los horrores que ocurrían allí abajo?”
“La Iglesia de Inglaterra ha pedido disculpas por el papel que desempeñamos en el comercio transatlántico de esclavos, pero también hemos dicho que es necesario tomar medidas al respecto”, declaró Mullally.
La Iglesia ha creado un fondo de impacto social de US$135 millones destinado a beneficiar a las comunidades que se cree que aún sufren las consecuencias del comercio de esclavos.
Pero dentro de la Iglesia, la creación del fondo ha encontrado resistencia, al igual que la presión mundial para que las naciones paguen reparaciones.
Complicidad de africanos
Uno de los principales contraargumentos se centra en el hecho de que algunos africanos fueron cómplices de la captura y venta de sus compatriotas.
Pero el ministro de Asuntos Exteriores, Ablakwa, rechaza categóricamente esta versión. “Creo que se trata de una estrategia para dividir y vencer, y para crear una confusión muy artificial”, argumenta.
Él subraya que toda la estructura de la esclavitud fue ideada por las potencias occidentales esclavistas, que simplemente utilizaron a locales para llevar a cabo sus planes.
Ablakwa señala que, cuando se redactaron las leyes, las pólizas de seguros y las estructuras financieras del comercio, “no había ningún africano en la mesa de negociaciones”.

El rey Tackie Teiko Tsuru II ha pedido disculpas por la participación de sus antepasados en el comercio de esclavos.
“Denunciamos y rechazamos categóricamente las afirmaciones de que los africanos son tan culpables y cómplices como quienes orquestaron toda esta atrocidad”, afirma.
Sin embargo, incluso dentro de Ghana el debate sobre la complicidad africana es mucho más complejo y, para algunos líderes tradicionales, reconocer el pasado es un requisito indispensable para la sanación.
El rey Tackie Teiko Tsuru II, el ga mantse, líder del pueblo ga de Ghana, recientemente dio el paso de disculparse públicamente por la participación de sus antepasados en el comercio de esclavos.
“Creo que la trata transatlántica de esclavos fue el mayor crimen contra la humanidad y nuestros antepasados también participaron como agentes en ese comercio”, afirmó el rey.
El pueblo ga se convirtió en intermediario que comerciaba con los europeos. Vendían oro, marfil y, en última instancia, africanos esclavizados, a menudo capturados en conflictos locales, a cambio de productos manufacturados traídos principalmente por británicos y holandeses, como textiles, alcohol y armas.
Pero el rey sintió la necesidad de pedir disculpas no solo por la complicidad de su propio pueblo, sino también por la de otros africanos.
“Me mantengo firme en la misma postura de pedir disculpas en nombre de todas las autoridades tradicionales, mis antepasados y ancestros por el papel que también desempeñaron en la esclavitud de nuestros hermanos y hermanas”, dijo.
“Ha afectado a vidas y sociedades hasta ahora, y para poder avanzar, hay que mirar al pasado. Nos damos cuenta de que debemos admitir nuestra culpa y corregirla”, sostuvo.
El rey cree firmemente en la necesidad de que quienes se beneficiaron del comercio de esclavos paguen reparaciones y reconoce que él también debe comprometerse a reparar el daño financiero.
“Creo que eso sustenta una condición de valentía moral y credibilidad”, aseguró.
Para los ga mantse, admitir la culpa no atenúa la responsabilidad de los imperios europeos. Por el contrario, consolida la posición moral de África y sienta un precedente sobre cómo avanzar.












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