Por Francisco Zúñiga Esquivel
En Nuevo León tenemos una ley que vigila el bienestar de los animales, y que en las últimas semanas se ha usado como un arma política.
Pero sin duda, los animales son los literalmente sacrificados en esta pugna por demostrar los excesos de los Gobiernos.
Lamentablemente nadie puede arrojar la primera piedra, porque en todos lados se cuecen habas, se sacrifican animales, o se abandonan de plano.
La periodista Sanjuana Martínez publicó imágenes de la osita, Mina, resguardada en el Parque la Pastora, evidentemente enferma de la piel, desnutrida. A nadie le importó, porque todo es no lo adquirió en un día, ni en una semana, sino en muchos días.
Pero también hemos visto perros y gatos sacrificados en los Centros de Atención Animal.
En Nuevo León se calcula que tenemos un perro por cada 8 personas, y un gato por cada 4 habitantes humanos. Números conservadores que 500 mil perros y 1.6 millones de gatos no tienen un hogar. Son cifras oficiales, de hace años, por lo que el problema seguramente es mayor.
La ley de Bienestar Animal, creada para protegerlos, no da solución a este maltrato, porque sólo menciona que los perros y gatos rescatados de la calle deben ser atendidos, esperar 10 días para ver si alguien los reclama, otros diez días para promover su adopción, y luego nada. Ah, sú habla del sacrificio humanitario, pero no especifica qué es ese sacrificio humanitario. Para los municipios, significa sacrificarlos para que no sufran abandono. Tampoco pueden soltarlos, y no hay capacidad ni presupuesto para mantenerlos indefinidamente.
Sin embargo, si habla de sacrificio, mientras sea humanitario, y a lo más que llega a mencionar es que se sancionará si no se insensibiliza al animal para evitar su sufrimiento al momento de ser sacrificado humanitariamente.
Leyes que se hacen al ritmo mediático, a la carrera para quedar bien con la ciudadanía, pero que requieren de muchos parches en las partes esenciales, para que realmente solucionen un problema social, que en este caso, está alcanzando una enorme magnitud.
Las jaurías de perros, que sólo buscan comida, han ocasionado ataque a personas en Santiago, donde se posesionaron de espacios públicos. Las heces de estos animales, que pueden estar contaminadas con diversas enfermedades, se pulverizan en la vía pública y llegan a alimentos preparados en la calle. Y claro, las respiramos.
Total, en el papel todo es bonito, pero en la práctica, ahí está Mina, como claro ejemplo de que todo es mera palabrería, porque el fondo del problema, no se ataca.











