Sociedad y delincuencia

Por Francisco Zúñiga Esquivel

 

Para que la inseguridad baje y llegue a niveles tolerables, la sociedad tiene que cambiar.

Aunque no nos guste, lo que necesitamos realmente no es mejorar sistemas policiacos ni meter a todos los malandros a la cárcel. Requerimos que los ciudadanos cambien.

La delincuencia es producto directo de una sociedad corrompida. Cuando los casos son aislados, podeos hablar de individuos desadaptados, con algún problema piscológico que lo empuja a actura de manera antisocial.

Cuando tenemos altos índices, ya no es el individuo, es la sociedad. Esta tiene muchas aristas, pero partimos de que si no educamos hombres y mujeres de bien en casa, con amor, pero también disciplina, tendremos delincuentes potenciales en la calle.

Si los empresarios buscan el enriquecimiento propio, sin una justa distribución de la riqueza, crean entes de pobreza que no pueden enviar a sus hijos a la escuela, con lo que los condenan a ser parias sociales, trabajadores que ganan poco y lo único que heredan a sus hijos es su pobreza crónica.

Ahí podemos empezar.

Claro, a la policía le corresponde prevenir, castigar, siempre conforme a la ley. Abusar de quien no puede defenderse crea una olla de presión social que en cualquier momento estalla y causa daño.

Todos esos jóvenes que se meten de sicarios, creen ustedes que lo harían si tuvieran recursos u oportunidades de crecer socialmente. La mayoría no.

Pero lo único que tienen es un resentimiento social que encuentra venganza en el poder de las armas, la impunidad de pertenecer a un grupo delictivo y en la potestad de decidir sobre vidas y haciendas. Esto último pocos lo logran, y no por mucho tiempo.

Por eso no se puede resolver la inseguridad, porque como sociedad tenemos muchas fallas.

Cambiemos nosotros, eduquemos a los niños, y quizá algún día podamos sentir que la inseguridad por fin fue abatida.

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