Out al Machismo 2: El principal rival

Si piensan que son las Amazonas por las guerreras griegas, se equivocan. Yasuri explica que cuando buscaban el nombre para el equipo, tomaron dos conceptos. “Se formó el equipo y se puso Las Amazonas porque Yaxunah es una zona arqueológica y la mayoría son amas de casa, de ahí viene, amas y zona”.

Parte 2

Las criticaban porque las posiciones corporales durante el juego, “les hacían enseñar mucho”

Su uniforme es el hipil, voz con que los mayas llaman al huipil, pero con un toque azul, por el cenote de agua limpia y azul que tienen en el centro del pueblo. Hay otros cenotes, pero ese es el mayor y el más hermoso. “Jugamos descalzas porque nos sentimos más libres, no tenemos nada que nos detenga, desde chicas andamos así, y tenemos una conexión con la tierra, que es morena como nuestra piel. Así empezó”, recalca Yasuri.

Yensi Criollo enfatiza lo que significa jugar descalzas. “Siempre se ha acostumbrado a andar descalzo no es común ver a la gente andando con calzado; tenis y botas eso casi no, siempre descalzos, desde niños y los adolescentes igual, es más fresco, más cómodo, y la vestimenta es algo que viene desde hace mucho tiempo, la gente nativa no está acostumbrada a usar la ropa moderna, siempre utilizan lo que es le huipil y los termos, que son más elegantes”.

Orgullosa de su herencia maya, Yensi la proclama. “Optamos por tener esta vestimenta, típica de lo que es nuestra descendencia maya, descendencia cultural, más que nada por nuestras tradiciones y lenguajes que nosotros tenemos”.

Para las Amazonas de Yaxunah el principal contrincante fue el machismo. Los hombres no querían que jugaran, porque eso no era cosa de mujeres.

Cuando comenzaron a jugar, las Amazonas sufrieron la discriminación, los insultos, acoso incluso.

El uniforme es el tradicional huipil maya y juegan descalzas, para estar con comunión con la tierra.

“Salíamos, pero también había hombres que salían, pero iban porque querían ver otra cosa, así empezó, en el pueblo hay mucho machismo, y se dio todo eso, nos sorprendían, nos decían de cosas, cómo es la posición de agarrar una pelota y los hombres veían y decían: ah, es que ustedes solo salen a exhibirse, y por eso salimos a verlas”, recuerda Yaresi.

Pero ellas perseveraron, hicieron oídos sordos a todo, y se mantuvieron en su decisión de jugar softbol, que es un poco menos rudo que el beisbol. “Si fue duro, porque algunas están casadas, el marido no las dejaba ir, para que no te digan de cosas, les decían, tienen esa mentalidad de los hombres mayas, que la mujer es para la casa, nada más”.

Fue entonces cuando el softbol se volvió una lucha contra el machismo. A pesar de las críticas, las ofensas, las amazonas siguieron jugando por las tardes. “Al principio era en pueblos cercanos, pero luego, con la pandemia, se hizo más reconocida, nos hablaron para ir a jugar a otros lados”, recuerda Yasuri. “Es un trabajo constante, a pesar de las ofensas no nos importó las críticas, ahí seguíamos, qué importan las ofensas que nos daban, estábamos contentas con jugar”.

Poco a poco, los maridos aceptaron que jugaran, ya no sólo en el pueblo, sino en otras comunidades y luego, un día, fuera de Yucatán y del país.

“Unas llevan a los maridos, otras los dejan en la casa, cuidando a los hijos. Se fueron adaptando y creyendo en nosotros, ahora muchos son coaches, antes del juego pintan el campo”, comenta Yensi.

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