Movilidad estrangulada

Por Francisco Zúñiga Esquivel

 

Monterrey es una ciudad estrangulada por todos lados.

Lo más visible, claro está, es la circulación vehicular, que se atora ya a todas horas y no hay calle o avenida suficientemente amplia para dar cabida a tanto vehículo que circula por ellas.

Pero sí echamos un vistazo al pasado, veremos que la complejidad de nuestro tráfico vehicular es un efecto de la falta de previsión que hemos tenido los regiomontanos, y que se siente no nada más para los conductores, sino principalmente para quienes viajan a pie.

El transeúnte tiene un sinnúmero de dificultades. Intenten caminar por cualquier colonia sin bajarse de la banqueta. No pueden hacerlo ni cien metros, y en algunas zonas simplemente no podrán.

Muchas veces la acera es tan angosta, que se obstruye por esa permisiva ilusión de que si la casa es mía, la banqueta y la calle enfrente también. La vamos llenando con un árbol, una jardinera y hasta una extensión de la cochera, porque afortunadamente nos ha ido tan bien, que cambiamos el carrito viejo por el más grande que pudimos comprar, y entonces tuvimos que hacer una protuberancia en la reja, para resguardarlo, aunque ocupe la mitad de la banqueta.

Una vez en el mundo exterior, el hombre y la mujer de a pie tienen que hallar un camión, un taxi o cualquier vehículo de transporte público que lo lleve a su destino. Una odisea en muchos lugares, porque o no hay camiones, o tardan mucho o te dejan a mitad del camino.

Es por eso que los regios, apenas inician su vida laboral, piensan en comprar un auto, para ascender de la categoría de estrangulados a estranguladores de la movilidad.