La Guerra que Dios ordenó

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Qué ironía que la región donde nacieron dos de las más grandes religiones del mundo sea una zona de conflicto permanente, escenario de un sinnúmero de guerras metódicamente iniciadas.
Debe ser un estigma que tiene desde tiempos bíblicos, pues no hay que olvidar que el pueblo judío cree firmemente que esa es la tierra prometida que Dios les entregó, pero que lamentablemente ya estaba ocupada, lo que obligó a “limpiarla” para poder ocuparla.
Cuando hablamos de limpiarla, significó que se masacró a todos los pueblos que estaban en esa parte de Palestina, y los relatos bíblicos dicen que Dios les ayudó, como en Jericó, donde con las trompetas derribaron los muros de la ciudad.
La orden de matar hombres, mujeres y niños, según los relatos, vino del mismo Dios.
Pero en esa zona del Medio Oriente, también nació Mahoma quién es considerado el profeta de Dios, o Alá, por los musulmanes.
Alá es el mismo Yahvé de los israelitas, el God en que confía en lo norteamericanos como Donald Trump, con lo que concluimos de cada uno de estos pueblos se siente guiado por la voz de Dios.
Pero solo al demonio se le ocurriría iniciar una guerra donde mueren inocentes en ambos lados.
Si los Israelitas defienden el derecho divino a ocupar Palestina, Estados Unidos lo apoya con el poder de las armas, cómo se hizo en 1948, cuando se instituyó el estado judío.
Pero los musulmanes argumentan la Yihad, qué es la guerra Santa que Dios les ordenó contra todos los infieles, y dónde se permite incluso el uso de armas o incursiones militares.
El caso es que en nombre del mismo Dios, y de un mandato divino que cada uno interpreta a su manera, el mundo está en riesgo de entrar a una guerra mundial, la tercera, esta vez sería con armas nucleares, y donde obviamente los más fuertes serán los que masacren a los otros.
En realidad no sería una guerra, sino una holocausto, en el mejor de los casos, y una hecatombe en el peor.
ojalá entre la cordura en la mente de los líderes, pues de otra manera el mundo corre un riesgo mayúsculo de llegar a un estado de barbarie tal que, si no desaparecemos, volveremos a tener al Sol como dios, y tendremos a partir de entonces, como dicen que dijo Albert Einstein, una guerra con palos y piedras.

 

 

 

Francisco Zúñiga Esquivel es un periodista que se ha desempeñado en medios impresos y electrónicos. Catedrático en la materia de Periodismo en la Universidad Autónoma de Nuevo León, es además Presidente de la Asociación de Periodistas de Nuevo León, José Alvarado Santos

Como escritor tiene el libro Crónicas de la Nada, Andanzas por la Vida