
Collins con su hija Bridget.
Eileen Collins hizo historia al convertirse en la primera mujer en pilotar y comandar una nave espacial. Es una persona de voz suave, cálida y con los pies en la tierra, pero rápidamente se percibe su concentración y determinación.
“Estaba leyendo un artículo en una revista sobre los astronautas del Gemini. Probablemente tenía 9 años y me pareció lo más genial del mundo. Eso es lo que quiero hacer”, recuerda que pensó. “Por supuesto, en aquella época no había mujeres astronautas. Pero yo pensé: ‘Seré una mujer astronauta’”.
La única forma de lograrlo era alistarse en el ejército y convertirse en piloto de pruebas. En la Fuerza Aérea, destacó entre la multitud y fue seleccionada para unirse al programa de astronautas. Iba a pilotar transbordadores espaciales, los “aviones espaciales” reutilizables de la NASA.
Sabía que los ojos del mundo estaban puestos en ella cuando se lanzó su primera misión en 1995.
“Como primera mujer en pilotar el transbordador espacial, trabajé muy duro porque no quería que la gente dijera: ‘Mira, la mujer ha cometido un error’. Porque no se trataba solo de mí, sino de las mujeres que vendrían después”, dice.”Y quería que las mujeres piloto tuvieran una reputación que dijera: ‘Oye, son realmente buenas’”.
De hecho, era tan buena que pronto fue ascendida a comandante, otra primicia en el espacio.
Collins también era madre de dos niños pequeños. El hecho de que fuera esposa y madre trabajadora se mencionaba con frecuencia en las ruedas de prensa de la época, y algunos periodistas parecían sorprendidos de que pudiera ser ambas cosas.
Collins señala que ser madre y comandante eran “los dos mejores trabajos del mundo”.
“Pero te diré que es más difícil ser madre que comandante de un transbordador espacial”, dice riendo.
“La mejor formación que he recibido para ser comandante ha sido ser madre, porque tienes que aprender a decir que no a la gente”.

Ambas tareas requieren mantener la calma bajo presión.
Ser astronauta no es nada fácil. Dos misiones del transbordador espacial tuvieron fallas que causaron la muerte de todos sus tripulantes, y en 2005, cuando la misión de Collins despegó la pesadilla parecía repetirse: un trozo de espuma se desprendió durante el lanzamiento, y la obligó a realizar una de las maniobras más arriesgadas de la historia espacial.
Tuvo que pilotar el transbordador realizando un giro de 360 grados mientras volaba por debajo de la Estación Espacial Internacional. Esto permitió a sus colegas del laboratorio orbital fotografiar la parte inferior de la nave y comprobar si el escudo térmico había sufrido alguna avería.
“Había ingenieros y directivos que decían que era imposible, alegando todo tipo de razones por las que era demasiado peligroso”, afirma.
“Escuché la discusión, sabían que yo era la comandante y dije: ‘Parece que podemos hacerlo’”.
El daño se detectó rápidamente y se llevó a cabo una caminata espacial para repararlo, con lo que Collins y su tripulación pudieron regresar a casa sanos y salvos.
Este fue el último vuelo de Collins. Nos cuenta que siempre tuvo pensado dejarlo después de su cuarta misión, para dar a otros la oportunidad de ir al espacio.











