
Los venezolanos compran menos con su dinero.
Ahora los venezolanos se sienten más pobres. La incursión de los Estados Unidos para detener al Presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia, no mejoraron en nada su situación, y al contrario, todo parece empeorar.
El costo de la vida, ya imposible de sostener con Maduro, ahora es más alto. Un kilo de manzanas cuesta 10 dólares, y sigue incrementándose. Un desodorante que en Londres cuesta 2.5 libras esterlinas, unos 3.4 dólares, en Caracas vale 13 dólares.
En las calles de la capital venezolana existe una gran preocupación por el costo de la vida, y la economía del país, pues los los precios suben con enorme rapidez en un contexto marcado por la inestabilidad política y cambiaria y en un país marcado desde hace años por la inflación.
“Me siento más pobre hoy que en diciembre”, dice María Luisa, de unos 50 años, mientras compra hortalizas con su hija Sofía en el mercado de Chacao, en el este de la ciudad. “El dinero rinde menos ahora que hace un mes”, insiste.
Pero también hay escasez. Ella buscaba alimento para su gata y terminó pagando seis dólares. En diciembre costaba entre 3 y 4 dólares el kilo. “Cuesta casi el doble de repente”, se queja.
Yarilén, una pensionada de 55 años, afirma que además de la caída del poder adquisitivo, el volátil tipo de cambio es difícil de seguir en una economía que en los últimos años vivió una dolarización de facto.
“Un negocio cobra en bolívares y el siguiente en dólares. Tienes que hacer las cuentas todo el tiempo en tu cabeza”, explica.

Analistas internacionales consideran que Trump está dividiendo el mundo entre tres potencias: EU, Rusia y China.
Según las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicadas en octubre, Venezuela cerró 2025 con una inflación de 548%. Respecto al crecimiento económico calcula un moderado 0,5%, cifra muy modesta considerando que el Producto Interno Bruto (PIB) del país es hoy casi un 80% menos al pico histórico de 2012 que logró impulsado por los altos precios del petróleo.
Ese mismo petróleo que ahora Trump quiere controlar y vender, idea a la que se oponen la mayoría de los venezolanos. “Este es un país rico en petróleo, oro y minerales (…) Que vengan de afuera a tomar el control es como que alguien entre en tu casa sin pedir permiso”, le dice a BBC Mundo Sandra, quien vende helados para mantener a su familia.
A ella también le ha afectado el bolsillo la inestabilidad del país, y asegura que el temor a nuevos episodios de violencia hace que los venezolanos sean aún más cautelosos con los gastos.
“La gente trabaja con miedo. A tempranas horas ya todos están en su casa”, añade. “Yo quiero un cambio para el país, pero no así”.
Para el analista Ricardo Zúñiga, exdiplomático estadounidense con Barack Obama y Joe Biden, la acción militar de Estados Unidos en Venezuela, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, muestra que Donald Trump tiene una perspectiva del poder y las esferas de influencia que se aproxima a la que tenían los imperios hace 150 años.
“Es una perspectiva del siglo XIX. Es la base del pensamiento del presidente Trump. Cree que el siglo XIX fue la época dorada de EE.UU., con control continental”, le explicó a BBC Brasil en una entrevista el ex subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental.
Aunque gran parte del mundo condenó la detención de Maduro y su esposa, el hecho tuvo una gran influencia positiva para Trump, pues Nadie habla del caso Epstein. Nadie habla del aumento del costo de la atención médica para los estadounidenses. Eso sí es muy importante, dice.
“Sin duda, el objetivo de la administración Trump es desmantelar el sistema de alianzas de EE.UU. e imponer este mundo dividido en tres partes: una para EE.UU., otra para Rusia y otra para China”.
Pero el exdiplomático duda que esta agresividad y tono, emblemáticos de esta administración, sean sostenibles más allá de la administración de Trump, pues aunque EE.UU. sea un actor dominante no significa que pueda actuar sin restricciones en todo el mundo.
Se necesitan amistades, verdaderos socios, no solo países que le teman a EE.UU. Todavía no lo entienden y no lo entenderán, aseveró. Para Trump, el largo plazo no es importante. Obviamente, quiere aumentar su riqueza y la de sus amigos, y lo logrará.
Zúñiga coincide con Oliver Stuenkel, analista político, quien hizo una observación, que llamó acertada: los gobiernos democráticos también deben preocuparse por la posibilidad de un ataque de EE.UU., tanto como los gobiernos autoritarios.
Pero por ahora, los más que más deben preocuparse son Cuba, por su situación siempre beligerante ante Estados Unidos, y Brasil, Colombia, Costa Rica y Perú, donde celebrarán elecciones presidenciales y Donald Trump buscará influir, como ya lo hizo en las de Honduras.












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