Por Francisco Zúñiga Esquivel
Las últimas semanas no le ha ido muy bien a Nuevo León, y todas las ilusiones parecen estrellarse en un futuro poco promisorio.
Hay quienes ríen porque piensan que todo esto solo perjudica al Gobernador Samuel Sepúlveda, pero hay que recordar que si al gobernante le va mal en sus proyectos, al ciudadano le va peor.
El primer balde de agua fría fue cuando supimos que a Monterrrey, con todo y su espectacular y moderno estadio, le tocaron sólo selecciones de mediano nivel futbolístico, y ninguno de los equipos grandes jugará aquí. Es decir, que ese turismo que esperábamos con ansia, no llegará tampoco.
Quién sabe cómo lo tomaría nuestro Gobernador, que ya soñaba con un Nuevo León en los ojos del mundo, y su imagen como la de un gran estadista de un moderno estado. No lo verán.
Y luego nos enteramos que Estados Unidos exige que le paguen una deuda de agua que los nuevoleoneses no entendemos por qué la tenemos, y nos dejaría vacías las presas, y sin el vital líquido para el intenso verano que nos espera.
Es decir, que en plena temporada de calor tendremos mundial y sed. O sed de buen fútbol y también de la otra.
Que mala suerte, de veras.
Por que quienes lo sufren son los ciudadanos, que ahora se desilusionan al saber que todo era una fantasía, como Tesla, como Invidia, como el Metro y sus líneas, como el buen transporte, como el Estado de Derecho, y como la seguridad.
Un sueño que se va convirtiendo en una cruel pesadilla .











