Crianza y violencia

Por Francisco Zúñiga Esquivel

Pasó la marcha del M8 y la siguiente acción, para la mayoría de las mujeres que participaron, es esperar al próximo 8 de marzo.
Incluso aquellas encapuchadas que parece sólo fueron a causar destrozos, ya no harán ninguna acción que ayude a disminuir todos esos índices que dicen existir, de hasta 9 mujeres acosadas de cada 10.
Hay mucha cifra negra en estas cuestiones, y eso impide certeza en cuánto a la gravedad del problema, aunque no debería existir ningún caso.
Pasados los reclamos, debería seguir la acción. Cómo crear un marco legal para evitar más feminicidios. Y cifras reales, porque no todos los asesinatos de mujeres son feminicidios. Algunos son por otras cuestiones nada pasionales, como los ajustes de cuenta del crimen organizado, que ejecutan sin distinción de sexo ni edad.
En México existen leyes que castigan, pero no protegen. Alguna vez llegó una mujer conmigo porque ya había presentado no se cuentas denuncias contra un sujeto, ex pareja de su hija, que día a día iba a casa a amenazar con matarla.
¿Le hizo algo?, le preguntaban, y cuando ella respondía que no, le notifican que nada podían hacer.
Es decir, es necesario golpearla, matarla, vejarla físicamente para que la autoridad intervenga.
Para cuando se comete un feminicidio, ya se dio todo un proceso. La mujer rompió sus vínculos familiares y sociales, tiene dependencia económica de su pareja, tiene ya tanto miedo que la inmoviliza. Y no existe un lugar donde esconderse del furor del abusador.
Hay organismos ciudadanos que buscan apoyarlas. Pero salvo algunos municipios, no existen casas de refugio asistidas por la autoridad donde la mujer abusada tenga la protección necesaria para reiniciar su vida o llevar un proceso judicial contra su agresor sin riesgos.
Ojalá que esas encapuchadas que causaron destrozos durante la marcha asuman la tarea de crear propuestas legales válidas y aplicables. Y que las otras, las que han sufrido esta violencia en carne propia o en la de algún familiar, sigan alzando su voz.
Es tiempo de darle la verdadera dimensión a la violencia contra la mujer. Si esto fueran casos aislados, estaríamos frente a sujetos desequilibrados mentalmente. Frustrados que buscan alivio a sus traumas y complejos en la violencia contra alguien más débil.
Si las cifras son tan fuertes como dicen, es un problema social, y, por tanto, tiempo de modificar una cultura que hemos creado desde la intimidad del hogar.
Si quieren igualdad, hay que procurarla desde la crianza, en concordancia con lo que piden. Si quieren oportunidades para las mujeres, denle las mismas responsabilidades que a los hijos hombres. Y a los varones, las mismas obligaciones que la mujer tiene por simple cuestión de género.
Si fomentamos respeto, sinergia, amabilidad ante las mujeres de la familia, un día todo eso se proyectará a la sociedad.

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