Bad Bunny más allá de su música

Por Francisco Zúñiga Esquivel

 

No gusto de la música de Bad Bunny, pero supongo que es cuestión meramente generacional.

Tampoco a nuestros abuelos les gustaba Elvis Presley o los Beatles, y nuestros padres los escucharon. Hoy, son clásicos y ejemplos de buena música.

Independientemente de qué tan buena es la música del Conejo Malo, lo que presentó en el Super Tazón 60, le hicieron subir sus bonos.

Fue un espectáculo donde lo musical quedó en segundo plano, para dejarle espacio a esa crítica bastante fuerte que hizo al sistema norteamericano. En plena tierra de Trump lanzó una protesta por lo que vive Puerto Rico, y aclaró que América no es sólo ese pedazo de los United States, sino todo el continente, desde la Patagonia hasta Canadá.

Creo que nadie lo esperaba. O quizá el presidente norteamericano Donald Trump si lo supo y por eso no fue al partido. En tiempos modernos, creo que ningún mandatario había faltado al juego del llamado Super Domingo.

La voz de Bad Bunny se alzó clara, y su espectáculo estuvo lleno de simbolismos, todos en apoyo a los latinos, cuya contribución a la llamada grandeza de los Estados Unidos ha sido fuerte, pero poco reconocida. Estados como Texas, California, podrían estar entre las primeras diez economías del mundo, por sí solos, y tienen una alta población latina. De los que se quedaron tras la “compra” del territorio, más los que llegaron a trabajar.

Hay una deuda histórica con todos ellos, como la hay con Puerto Rico, que sigue siendo un estado asociado de la EU. Es decir, es un estado de segunda. Sus habitantes no tienen los mismos derechos que los estadounidenses, aunque sí las mismas obligaciones. No tienen ni siquiera la autonomía de otros estados.

América, donde entramos todos, y aunque ya los Tigres del Norte lo habían dicho en alguna canción, ahora que Bad Bunny lo enfatiza, llega a nuevas generaciones y las concientiza de que hay que lugar por un mundo mejor, para los latinos, afroamericanos y todas esas razas que han sido vejadas a lo largo de la historia norteamericana.

Son tiempo de libertad, y eso no se logra más que sobre una base de igualdad y respeto, que por ahora no hay.

Ojalá todo esto sirva de algo.

 

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