Cansados de los apagones constantes, los cubanos están saliendo cada vez más a las calles para golpear ollas y sartenes y exigir que el gobierno vuelva a poner la electricidad.
Ahora los apagones duran la mayor parte del día en muchas ciudades cubanas, el turismo está disminuyendo y algunas empresas extranjeras han comenzado a retirar a su personal de la isla en medio del deterioro de las condiciones.
El lunes, la red eléctrica de Cuba colapsó, sumiendo a diez millones de personas en la oscuridad. Los funcionarios dijeron que estaban trabajando para restablecer el suministro, pero no había un cronograma de cuánto tiempo tomaría.
El viernes, por primera vez, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, reconoció que su gobierno había entablado conversaciones con la administración Trump, después de semanas diciendo que no negociarían mientras eran amenazados por Estados Unidos.
El sábado, una sede provincial del Partido Comunista en Cuba, el único autorizado en el país, por manifestantes indignados por los prolongados apagones y la falta de alimentos, un hecho inusual en medio del creciente descontento social en la isla.
Los hechos ocurrieron la madrugada del sábado en la oficina del Partido Comunista de Cuba en el municipio de Morón, provincia de Ciego de Ávila (centro), a unos 460 kilómetros de La Habana.
El medio oficialista Invasor informó que cinco personas fueron detenidas. “Lo que en un inicio transcurrió de manera pacífica (…) derivó en hechos vandálicos contra la sede del Comité Municipal del Partido, donde un grupo más reducido de personas apedrearon la entrada del inmueble y provocaron un incendio en la vía pública con los muebles de la recepción”, precisó el periódico.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reconoció este sábado el “malestar” social en la isla, pero denunció los actos vandálicos y aseguró que “no habrá impunidad” para estos hechos.












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