Por Salome Martínez
Si Superman puede ser héroe y periodista al mismo tiempo, ¿por qué Miguel Ángel Arritola no podría ser Santa Claus? En diciembre, cuando el mundo parece moverse entre prisas y luces, Arritola —reportero de la revista ¡Ajá!— se pone un traje rojo para ejercer otra forma de periodismo: el que no se escribe, el que se entrega con las manos.“No son los juguetes”, dice. “Es la sensación”.
La sensación de que siempre se puede hacer más.
De que una sonrisa abre una grieta luminosa en medio de la rutina.
De que la esperanza todavía cabe en los ojos de un niño.
Cada Navidad, Miguel Ángel vuelve a encontrarse con niñas y niños que lo esperan año con año, como si Santa fuera parte de su calendario emocional. Lo reconocen no por el traje, sino por la promesa: volver. En esas miradas hay asombro, ternura y una fe intacta que no pregunta, solo cree.
El Juguetón 2025 de ¡Ajá! llevó felicidad a decenas de familias. Arritola lo recuerda con una imagen precisa: salir de casa con cientos de juguetes y regresar con las manos vacías. “Eso”, dice, “me hace feliz”. Porque en ese intercambio —dar sin guardar— ocurre algo raro en estos tiempos: el adulto vuelve a ser niño.Un padre se le acercó y le dijo algo que Arritola aún repite en voz baja, como quien cuida una verdad frágil:
“Santa, no solo traes felicidad a mis hijos. A nosotros los grandes también, porque alguna vez fuimos niños… pero sin conocer a Santa como ahora”.
Al final del día, ya en casa, sentado en su mecedora favorita, Miguel Ángel Arritola no escribe una nota ni toma fotografías. Solo piensa. Y concluye, con una serenidad que no necesita titulares: misión cumplida.Agradece a quienes hicieron posible la cadena invisible de generosidad —Elizabeth Rodarte, Martín Fuentes, Adrián, Juany, Guadalupe Loera Reynoso— y entiende que la Navidad no siempre llega envuelta. A veces llega caminando, con botas negras, barba blanca y el corazón lleno.
Porque quizá Santa Claus no vive en el Polo Norte.
Quizá trabaja en una redacción.
Y en diciembre, decide creer un poco más que el resto de nosotros. 











